"Cuestiones Interiores", de Mempo Giardinelli

(publicado el 10 de Julio de 2003)

Puede discutírseme la siguiente aseveración: si hoy existe un escritor de valía en Argentina, ése es Mempo Giardinelli. ¿Quién otro puede campear cuerpo a cuerpo con Borges en su versión de "La Forma de la Espada"? Muchos lo conocen más por sus diatribas políticas en contra de Estados Unidos publicadas en Página/12 que por sus novelas. Quien haya leído "Luna caliente" o "Qué solos se quedan los muertos" sabe que su voz es distintiva y supera a la media intelectual argentina (y americana, en el más amplio sentido geográfico del término). Quien haya leído "Luna caliente" sabe que su estilo es la tragedia perfecta como el "Macbeth" de Shakespeare, donde el destino es más importante que los personajes, donde una vez comenzada la lectura ya no se puede parar. Quien haya leído "Qué solos se quedan los muertos" conoce su forma de escribir directa y argentina, un monólogo confesional que se derrama como sangre, en primera persona. Quien haya leído muchos de sus libros sabe que su personalidad de escritor de novelas es constante, en el mal sentido de la palabra. El último libro que ha publicado hace unos meses ("Cuestiones Interiores") quiere escapar a esta norma, y no lo logra. Como todas las novelas de Giardinelli, se trata de un cuento alargado e impreso con tipografía gigante para abarcar al menos la categoría de librito. En esta ocasión, esta elongación se (ma)logra con injustificadas digresiones referidas a Rodolfo Valentino, una figura de macho del pasado cuya relación con el personaje principal es por lo menos opaca. La historia ronda alrededor de un hombre que comete un asesinato sin saber por qué y es juzgado por un borroso tribunal, mientras él introspectivamente vaga por recuerdos, amores y traiciones, siguiendo la lógica de los sueños. Releo lo que acabo de escribir, y uno podría pensar en Kafka, en aquella novela en que Josef K. es condenado por un crimen que no conoce y juzgado por un no menos borroso tribunal, mientras que toda la acción de la novela es simétricamente onírica, pero "Cuestiones Interiores" y "El Proceso" no comparten más que estas pocas palabras. Si la contratapa aduce una "notable aventura estílistica", me atrevo a asegurar que fue una aventura vana, sin resultados aparentes, sin estar a la altura del mejor Giardinelli. Quizás este gran escritor haya entrado en un pasillo literario creado por él mismo, y del que no puede escapar, en el que está condenado a repetir el mismo patrón sin otras variaciones que los atributos sexuales de las diversas mujeres que inventa para que su alter ego de turno tenga relaciones con ellas, y las condiciones de un crimen que debe ocurrir invariablemente para que dé comienzo a la trama. Inútil advertir que en "Cuestiones Interiores" vuelve a existir el monólogo íntimo, el lenguaje cómplice con el lector, la sensual mujer infiel, el crimen absurdo que sus personajes cometen como impulsados por el instinto más bajo y que sus mentes ya no pueden explicar. Alguno ha tratado de ver el libro a la luz de la realidad argentina de hoy, pero ésta no parece ser la motivación que ha movido a Giardinelli a esta nueva novela, sino quizás un infructuoso intento por salir del tedio estilístico.


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